Con este blog deseo expresar mis sentimientos, tanto del corazón como los más viscerales, que suelen ser de mi tierra.

Ya se ha publicado un par de cosas mias en este medio, gracias a un amigo, y ahora por fin me he decidido yo a publicar un blog.

Espero que os guste.

Por cierto, se admiten comentarios. También criticas constructivas, por supuesto.

Muchas gracias.

Anchama.

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Anchama al natural

Presente, pasado y futuro.

QUE VIENE EL LOBO 10:30


Desde pequeña me han gustado muchos los cuentos, esos pequeños relatos llenos de criadas, princesas, duendes y animales, en los que de una manera breve te contaban una historia y donde siempre había una moraleja, para ir aprendiendo valores de la vida. 
Desde hace unos meses, el cuento de "El pastorcillo mentiroso" o "Que viene el lobo" forman parte de mi vida, y así es como me siento: a veces pastorcillo y otras la gente del pueblo. 
Cuando digo que me siento pastorcillo no es porque mienta, sino todo lo contrario: yo digo algo y no hay ninguna reacción y eso conlleva a estar como si no hubiese dicho nada.
Cuando me siento la gente del pueblo es por oír continuamente excusas, mentiras, falsas esperanzas... Y en este punto del cuento, ya me he tragado tantas veces "que viene el lobo" que ya no me creo nada. 
Así que he decidido dejar de sentirme pastorcillo y también dejar de sentirme la gente del pueblo para convertirme y ser el lobo del cuento. 
Y es que la confianza, la lealtad, la sinceridad y la humildad deben de ir de la mano para no acabar solos. Y antes de dar estos valores a los demás tenemos que pararnos 5 minutos de nuestra vida para ser sinceros y honestos con nosotros mismos, y después pensar en los demás, ya que cuando se pierde la confianza en cualquier ámbito : amoroso, amistad, profesional o político nada vuelve a ser igual. 
Y ahora os dejo el cuento para que me entendáis un poquito mejor. 

CUENTO DE "EL PASTORCILLO MENTIROSO" o "QUE VIENE EL LOBO" 

Erase una vez un pastorcillo que cuidaba las ovejas de todo el pueblo. Algunos días era agradable permanecer en las colinas y el tiempo pasaba muy de prisa. Otros, el muchacho se aburría; no había nada que hacer salvo mirar cómo pastaban las ovejas de la mañana a la noche.

Un día decidió divertirse y se subió sobre un risco que dominaba el pueblo.

-¡Socorro! -gritó lo más fuerte que pudo- ¡Que viene el lobo, que viene el lobo y devora las ovejas!

En cuanto los del pueblo oyeron los gritos del pastorcillo, salieron de sus casas y subieron corriendo a la colina para ayudarle a ahuyentar al lobo… y lo encontraron desternillándose de risa por la broma que les había gastado. Enfadados, regresaron al pueblo y el chico, todavía riendo, volvió de nuevo a apacentar las ovejas.

Una semana más tarde, el muchacho se aburría de nuevo y subió al risco y gritó:

-¡Socorro! ¡Que viene el lobo, que viene el lobo y devora las ovejas!

Otra vez los del pueblo corrieron hasta la colina para ayudarle. De nuevo lo encontraron riéndose de verles tan colorados y se enfadaron mucho, pero lo único que podían hacer era soltarle una regañina.

Tres semanas después el muchacho les gastó exactamente la misma broma, y otra vez un mes después, y de nuevo al cabo de unas pocas semanas.

-¡Socorro! -gritaba- ¡Que viene el lobo, que viene el lobo y devora las ovejas!

Los buenos vecinos siempre se encontraban al pastorcillo riéndose a carcajada limpia por la broma que les había gastado.

Pero… un día de invierno, a la caída de la tarde, mientras el muchacho reunía las ovejas para regresar con ellas a casa, un lobo de verdad se acercó acechando al rebaño.

El pastorcillo se quedó aterrado. El lobo parecía enorme a la luz del crepúsculo y el chico sólo tenía su cayado para defenderse. Corrió hasta el risco y gritó:

-¡Socorro! ¡Que viene el lobo, que viene el lobo y devora las ovejas!

Pero por más que gritaba, nadie en el pueblo salió para ayudar al muchacho, pues pensaron que era otra de sus bromas. 

-Nos ha gastado la misma broma demasiadas veces -dijeron todos- 

Y así es como el pastorcillo perdió todas sus ovejas, porque nadie cree a los mentirosos, ni siquiera cuando dicen la verdad.